Algo en la Niebla - Capítulo 5


(J.T.Yuimachi) #1

Algo en la Niebla

—Mel. Si deseas hacer algo al respecto solo tienes que decirlo y todos sabrán lo que quieres a pesar de que ellos no deseen hacerlo. ¿Me estás escuchando, Melly? ¡Melly! ¿Me escuchas? ¡Melly!

Una extraña sensación de reposo mental invadió a Mel, que sin saberlo había empezado a correr, siguiendo a Mike y a Valerie, a quien le había sujetado al mano y con una mirada perdida por el miedo o por la impresión, volteaba por sobre su hombro izquierdo para ver si aquello que hasta hace un momento estaba delante de ellos, les seguía.

—Mel, lo único que debes hacer es cerrar y dejarte llevar por todo lo que anhelas en esta vida. Persigue esa extraña sensación que invade tu cuerpo, cada rincón de tu mente y te llena de una satisfacción absoluta.

Las suelas de las botas chocaban y hacían rechinar pequeñas piedrecillas en la tierra, era uan mezcla irregular de grava con barro. Martins iba delante de ellos. Temblaba y se podía notar en la limitada distancia que estaba sudando como un desgraciado. La remera puesta tenía machas húmedas de su fluido corporal manchando su espalda y el área de los sobacos.

La mano de Valerie también temblaba, tenía miedo, un terror absoluto y eso había provocado su sudor. Mel lo percibía porque le sujetaba la mano, pero sabía que el resto de su cuerpo también estaría en ese estado. Pero no precisamente sudando por placer, sino de horror indescriptible.

—No voltees, Mel.- le gritó ella. — ¡Corre! ¡No voltees!
—Vamos, chicos.- dijo entre un exhalo Martins, quien no volteó para fijarse si de verdad lo seguían.

Ninguno de los tres sabía si corrían en dirección al bosque o al otro lado de la montaña donde una pequeña cordillera de montañas se perdía en el horizonte, o eso recordaban ellos antes de que la niebla lo cubriera todo.

— ¡No se detengan! ¡Maldita sea! -seguía gritando Mike, tratando de no cansarse de correr sin sentido.
— ¿Qué diablos era eso? -preguntó Stonehill perturbada.
—No lo sé, pero no es amistoso.
—Tengo miedo.- susurró Valerie.
—Yo también.- dijo sin avergonzarse de eso, Mike, con la cara empapada en sudor a pesar del frío que parecía haber en el ambiente.

Mel, sin embargo, había quedado atrapado en otro mundo, en el que su mente era dictadora absoluta de lo que sucedía. Dentro de su mundo, una extraña copia de la montaña parecía haberse formado, pero fuera de este, el estado en que estaba sumergido lo hacía ver en un posible estado catatónico, el cual solo le dejaba aferrarse de la mano de Valerie.

•Esos Algo•

Mel Dickson estaba confundido, porque apenas un momento atrás, había estado sujetando la mano de Valerie y ahora estaba solo de nuevo en una espesura completamente amedrentadora y oscura que apetecía sumergirlo en sus fauces.

La visión era más dificultosa en esa realidad. El frío era consumidor de lo último de calor que había en su cuerpo. Poco a poco el gélido ambiente haría que su cuerpo ceda y caiga rendido para morir en la soledad del lugar.

“Mel, ¿estás ahí?” “Mel, ¿me escuchas? ¡Mel, responde!” “Resiste hasta que pueda hacer algo” “…porque no puedes defenderte por ti mismo, ¿verdad?”

Las piernas de Mel se echaron a correr en alguna dirección. Debía salir, debía escapar. ¿Pero cómo? ¿Cómo debía de salir de ahí? ¿Acaso había alguna salida en algún lugar? ¿Qué era todo eso? ¡Qué era todo aquello! ¡Por qué! ¡Que alguien le diga de una maldita vez qué sucedía! ¡Qué es la niebla!

Entre sus angustiosas preguntas, una voz que susurraba le hizo detenerse absolutamente y solo fijarse en ella.

—Mel…-susurró.
Dickson no la entendió a la primera, pero pasado unos segundos, su comprensión se agudizó y pudo comprender de manera exitosa lo que decía aquella voz sigilosa.
—Mel…-repitió.
— ¿Qué?¿Quién eres?- preguntó alarmado Melly.
— ¿Que quién soy?
— ¡Sí!- respondió él con su voz tambaleante.
— ¿Acaso no sabes quién soy, Melly?
El menor de los Dickson calló, confundido y aterrado, porque la voz tomaba fuerza con cada palabra que pronunciaba.
—Soy lo que yace aquí, Mel. Soy eso que tanto te aterra, que te sofoca, que te ha hecho levantarse más de una vez en la noche, gritando. Fui aquello que te perturbó cuando fuiste niño, Dicky. ¿Acaso te has olvidado de mí? ¿No vivo en tu recuerdo ahora? Mel… Por qué me has dejado atrás. ¿Por qué dejaste de tenerle miedo a la noche? ¿Por qué dejaste de tenerle miedo a lo que había debajo de tu cama? ¿A lo que se asomaba desde la puerta del armario? ¿Por qué dejaste de temerle a los payasos, al vacío, al mar? ¿Por qué dejaste de tenerme miedo?

— ¡Quién eres!

—Ya te dije, Melly. Soy eso que te aterra, soy tus miedos y tus frustraciones, tu vida olvidada en un rincón o encerrada en un baúl mohoso y viejo. Tú sabes quién soy. Soy todo eso a lo que en un principio le tuviste pavor y que después pasaste a odiar para controlar tu estado mental, pero en el fondo aún regresas a mí, o huyes… llorando y gritando despavorido. Preguntas quién soy, Melly. Sencillamente, soy tú.

En el silencio interrumpido por sus pisadas por intentar volver a correr y dejar esa voz hablando sola, algo más salió de aquella bruma azul y se mostró ante él, cual majestuosa criatura, sin embargo, era contraria a su presentación, y el horror sorpresivo que se dibujó en el rostro de Mel Dickson lo demostró.

Su apariencia era igual a lo que él confundió en un principio a un ángel, sin embargo había una explicación para eso.
El extraño ser tenía forma humanoide, pero era lo único que podía deducirse de manera cuerda del bicho viviente. El resto, era sacado como de una película de terror. No tenía rostro, solo una una extraña línea perpendicular que separa el vacío rostro en dos hemisferios, además de que la franja se hundía y provocaba la apariencia de que esa piel membranosa sufriera de estrías.
Levitaba cual fantasma, su cuerpo se inclinaba hacia adelante y parecía vestir una empobrecida túnica casi transparente si no fuera por el color negro de la “tela”.
Sus dedos eran largos y huesudos y su brazos era ligeramente más largos que los de alguien normal.

Soy tú.- resonó en la cabeza de Mel.
Mel lo reconoció enseguida, esa era la imagen que de niño solía utilizar para referirse mentalmente a: “Los hombres del cielo”, por eso lo había confundido con un ángel. Pero qué horrible era.

— ¿Ya olvidaste tu primer terror profundo, Dicky?- se burló la voz sin enfatizar en el tono.
Parecía dar círculos alrededor de Mel y mover la cabeza de manera errática, como si de un conejo enfermo se tratase.

No hablaba, no tenía boca, ni oídos ni orificios nasales por los cuales cualquier ser (casi en su totalidad) pudiera respirar. Era anormal a todo lo que su imaginación hubiera podido concebir y aún así existía en ese mundo de oscura niebla azul.

Corre.- le sugirió su conciencia, más atemorizada que él mismo. Pero no le hizo caso.

Pronto, muchos otros se unieron al lugar, rodeándolo como rémoras hambrientas, sí, de eso se trataba. Terminarían por comérselo. Despedazarlo antes de que encontrara la forma de salir de esa extraña realidad. Aunque, de cierto modo, eso tenía sentido. Lo habían traído hasta ahí para comérselo.

¿Cómo? No tienen bocas.- sonrió él, para controlar sus nervios a pesar de que sus piernas flaqueaban.

Mel estaba a punto de dar un paso en falso y jugarse la vida simplemente para comprobar si de seres agresivos se trataban, cuando otras criaturas deformes y retorcidas se asomaron de entre el humo azul.

Primero escuchó chillidos agudos que fueron introducción de lo que vio. Parecían arañas gigantes, pero tenían más de ocho patas y no parecían tener una cabeza visible. Luego aparecieron unas criaturas colosales, a las cuales la altura impedía que se les viera de manera completa. Y entre todas esas alimañas infernales, esas bestias que había visto caminando y “cantando” se mezclaban entre el tumulto de criaturas extrañas y aterradoras. Y todas se acercaban para… para qué… ¿para comerlo? ¿Para abrirle las entrañas? ¿Para qué?

— ¡Tú no eres mis miedos!-gritó a la niebla, Mel, en un intento de controlarse y conseguir algo de calma.
— ¿Cómo dices?
—Tú no eres nada de esto que me muestras. ¡Tú no eres yo! ¡Tú no eres nadie!
—¿Eso crees?
Mel abrió más los ojos.
—Acaso piensas que el no ser nada me permitiría estar en lo que tú llamas: tu dimensión, tu realidad.
—¿Qué?
—Soy algo fuera de tu comprensión, Melly. Pero que aun así puedes entender vagamente, porque me temes y eso ya te hace percibir en mí: peligro.
—…
—El peligro provoca miedo. El miedo te mantiene vivo, Melly. Siempre y cuando el peligro no se exceda al miedo o sino, todo cambia.
Un impacto lo hizo perder (o ganar) la cuenta de dónde se encontraba, esa realidad se desvanecía poco apoco…

•Huida•

Mel corría de manera monótona detrás de Valerie, dejándose sujetar la muñeca, mientras que con una expresión penosa y patética, se encaminaba siguiendo el camino que, primero tomaba Martins y luego Stonehill.

Desde atrás, ese lamento vago y apagado se asomaba como una sombra gigante que los perseguía sin descanso. Aún recordaban la apariencia del extraño monstruo. Estaban al borde del llanto, pero la adrenalina que circulaba por su cuerpo les impedía detenerse y llorar, era una supervivencia oscura. Ahora el miedo los mantenía vivos.

“Vamos, Mel, responde”

El camino se hacía más accidentado, por momentos parecía que subían la montaña y por momentos descendían para luego toparse con una pequeña elevación aguda y comenzar el corto ciclo de nuevo.

“Mel, por favor, vuelve”

Valerie hacía su mayor esfuerzo por no dejar atrás a Mel, pero empezaba a cansarse y el terror que se generaba en ella cada vez que ese canto se escuchaba detrás de ellos, parecía insinuarle que abandonara al chico.
No lo haría, estaba claro, pero ¿Cuánto tiempo aguantaría? ¿Cuánto más?

—Sigan corriendo, chicos. No se detengan. Vamos.-Mike estaba agotado y su estado no le permitía apenas levantar la voz.

Parecía el fin de todo. Ya no importaba siquiera aquello por lo que habían venido, una fotografía del atardecer más hermoso que se haya podido tomar nunca jamás. Un sueño infantil guardado hasta hacía unas horas por ese grupo de chicos.

Era cierto, un sueño infantil, no la fotografía, sino el hecho de hacer algo mejor que otros y ser reconocidos por eso, la ambición de todos y el logro de nadie. Ahora sumidos en la desgracia pálida, corrían para huir de lo que fuese que los persiguiera.

Valerie seguía corriendo, no se daría por vencida aún, pero sus extremidades, flaqueaban de manera desesperada, como si clamaran un descanso. Entonces, en un momento poco predecible, de entre la mano de ella, la muñeca de Mel se deslizó y terminó por soltarse de ella. Junto al resto de Mel, se adentraron en el vacío brumoso.

— ¡Mel!
Mike volteó.
Valerie empezaba a agitarse. — ¡Mel! ¡Dónde estás!
Martins comprendió qué había sucedido, le apenaba, en el fondo lo llenaba de tristeza el haber perdido a otro, pero no podía detenerse, debían escapar, ahora o nunca. Ya.

— ¡Me-

En el momento menos esperado, justo antes de que ambos se dieran la vuelta y dieran abandono al menor de los Dickson, un cuerpo parecía haber cortado la niebla y de entre ella salir como si de un héroe se tratase.

Damien sujetaba a su hermano, quien ahora tenía conciencia otra vez.

—Esperen.- gritó agotado Holy.

Mike volteó instantáneamente al igual que Valerie. No era posible, pero aun así sucedía.

Los Dickson habían vuelto de entre toda esa niebla, era un desquiciado milagro o la maldita suerte. Qué más.

Volvieron tras sus pasos y ambos ayudaron a ponerse de manera erguida a los dos hermanos.
Valerie abrazó a Mel, como si no lo hubiera visto en tiempo, como si desde hace mucho que no estuviese con ella, como si el que hubiera estado sujetando de la muñeca no hubiera sido él, sino el que ahora volvía de la niebla, junto a Damien.

—Salgamos de aquí, Mike.- fue lo que dijo “Holy” Dickson, después de haber tomado una profunda bocanada de aire.

Los cuatro sonrieron.

El lamento se hizo más fuerte y eso hizo que Mel se pusiera en alerta. Sujetó la mano de Valerie y pronunció para todos: —Tenemos que irnos de aquí ahora. Ya.

— ¿Qué sucede, Dickson? Te veo nervioso.- bromeó Mike a pesar de las circunstancias.

Él respondió sin siquiera seguirle el juego, su expresión era seria.— Eso.-señaló al aire-no es niebla.


(system) #2

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