Algo en la Niebla - Capítulo 6


(J.T.Yuimachi) #1

Huida
[…] Aviso a todas las unidades, tenemos un posible 10 - 0 cerca de CursedMount. 10 - 45, Tenemos un posible 10 - 0. Unidad 1 y 3, dirigirse inmediatamente a la 76. Central Informando. Un posible 10 - 0 en la 76 […]

Grabación de Aviso de la Estación Central - 14 de Octubre, 2009.

[…] 10 - 2. Unidad 3 dirigiéndose a la 76. Permiso para un 10 - 48… risa Lo sé, Linda, pero no tienes que tomarte en serio eso de los códigos. ¿Cómo? risa Lo más seguro es que te invite a salir de aquí a dos noches. ¿Tú qué opinas, Fran? Es posible… Linda, ¿quién dio la llamada? ¿Collins? Ese tipo puede asustarse incluso con una cucaracha. risa De todas formas ya estoy en camino. Matthew no vino hoy, así que estoy solo. risa Sí… espera un momento, encenderé la sirena… claro, claro. Bien… aquí vamos […]

Grabación de la conversación radial por Louis Knella a Francis LaVouille y Linda Sanders.

[…] 10 - 2. Unidad 1 dirigiéndose a la 76. Informe de la situación, Li- ¿Louis? ¿Qué mierda, tío? Demonios. ¿Qué opino? Que deberías dejar de ligar por radio. ¿No lo crees?
Sí, eso quería, un informe. ¿Collins? risa Sí, eso mismo. …Será mejor que vayas enseguida, no vaya a ser que Collins se pegue un tiro en la pierna por tratar de dispararle a la cucaracha. risa Te veo en unos minutos, Louis. 10 - 4 […]

Grabación de la conversación radial por Francis LaVouille a Louis Knella y Linda Sanders.

•Huida•

Refugiados detrás de unas grandes y húmedas rocas, los cuatro adolescentes se veían las caras exhaustas a causa de haber estado corriendo por un extenso tiempo.
La niebla y la oscuridad creaban una película sobre cada rostros y eso impedía ver con exactitud cuál era la reacción de cada uno.

Mel sujetaba la mano de Valerie, notaba que temblaba. Mike y Damien estaban callados, regulando su respiración mientras paseaban la vista fuera de la unión de manos de ambos chicos.
El canto de ballena, el pitido de tren, todo eso, parecía haber terminado, sin embargo la duda seguía en el ambiente y la tensión incluso podía respirarse, mezclada con la bruma azulina.

•Recuerdos fríos•
— ¿Qué quisieras hacer después de esto?
—No lo sé. Quizás besarte de nuevo.
—Yo lo haría de nuevo.
—Qué atrevimiento, señorita Stonehill.
—Pues entonces soy atrevida, joven Dickson.
—Valerie…
—Dime.
—Yo desde-
— ¡Dios!

—Perdón. Discúlpenme, no pensé que alguien estuviera aquí. Mil disculpas. Lo siento. No era mi intención entrar y…
— ¿Quién está adentro?
—No… nadie. Solo una pareja, está ocupado. Será mejor si simplemente nos vamos de aquí.

“-hace tiempo que te quiero…”

•Huida•

—Nadie se va a morir y menos tú, Damien.

Mel y Valerie fueron los últimos en alejarse de las rocas y bajar el resto del camino de grava hasta el comienzo del bosque que rodeaba la montaña. Adelante de ambos conversaban Damien y Mike, desprevenidos de cualquier otra cosa que pudiera salir de la niebla o de entre los árboles que empezaban a cruzar.

•Detrás de las rocas•

Después de que Holy saliera de entre la niebla junto a Mel, los cuatro chicos marcharon colina abajo con ese temor a lo desconocido que se posaba sobre ellos, como aves rapaces, en busca de carne, de la más fresca, de la más tierna.

Las preguntas se iban acumulando en la cabeza de todos, y todas divididas para los dos hermanos, tanto para Damien como para Mel, quienes ahora se habían convertido en los protagonistas de aquella pesadilla en el escenario natural de Oregón.

Martins que iba a la delantera, señaló entre unas rocas que estaban a un lado del camino. Con la poca y fantasmal luz de la luna que se colaba por entre la bruma, la apariencia de esas grandes rocas eran más oscura que la propia noche, que ahora tenía un manto de humedad sobre todo el lugar.
Allá en medio de la nada, el lamento sobrenatural se seguía escuchando, lejano pero rabioso, impotente de haber logrado su cometido. Como si estuviera buscándolos pero al no encontrarlos estuvieran renegando de no poder verlos por ningún lado.

“Los ojos de la niebla, ojos grises, ojos ciegos”

—Comienza.-Mike que estaba apoyado contra la roca más grande, sujetó del hombro a Mel y esperaba a que empezara a explicar a qué se refería eso de: “No es niebla”
— ¿Qué?
—Habla, Dickson. ¿Qué es entonces esto?- Martins alzó las manos y las movió por el aire, para señalar el espacio en donde la niebla bailaba de manera fantasmal.
Valerie y Holy tenían los ojos puestos sobre él, esperando su respuesta. Querían saber de qué se trataba. Ya.
—Pues, es difícil de explicar.

Sí, era difícil de explicar. Cómo hacerles entender a 3 personas que en todo ese tiempo en el que no estuvo presente, en el que parecía estar ido, había estado presente en otro lugar, otro lado, tan parecido a donde ahora se encontraban, pero más horrible, más silencioso y más misterioso. Cómo hacerles creer, que en verdad habló con eso que provocaba la supuesta niebla, con eso que eran las criaturas. Era casi imposible que 3 adolescentes, que ya estaban en la universidad, le vayan a creer tremenda estupidez a un estudiante de secundaria que aún no termina el curso. ¿Cómo entonces?

Pero Mel fue sincero y les explicó como pudo, sin dejar afuera un solo detalle. Les contó de todas esas criaturas que vio asomarse desde aquella bruma opaca, de la conversación que tuvo con esa extraña voz y sus miedos, sí, de sus miedos, desde los más pequeños hasta los más grandes, de esas cosas a las que llamaba ángeles y también de la oscuridad de sus pesadillas. Les confesó toda esa experiencia macabra y surrealista.

Para cuando terminó, la cara de los 4 muchachos había cambiado. A Mel se le notaba tranquilo, casi como si se hubiera quitado un peso de encima, pero los otros tres chicos ahora tenían una expresión de temor más grande que la anterior. No les había gustado en lo absoluto nada de lo que había contado Mel, pero sobre todo, aquella conversación intrigante. Esa voz que le decía que él era sus miedos, sus pesadillas, que él era Mel mismo.

—Entonces deberíamos salir de aquí ahora.- Martins ya se ponía de pie pero Valerie lo interrumpió.
—Espera. Tenemos que escuchar a Damien, es importante.
Mike y Holy Dickson intercambiaron miradas y un acuerdo se hizo visible en ese momento.
Martins volvió a sentarse y Damien se preparó para empezar a contarles lo que le había sucedido.

—Damien, antes de que comiences, quiero hacerte una pregunta.- Mike trataba de guardar calma, sabía que cada minuto que pasaba, era menos espacio entre eso y ellos.
— ¿Qué cosa?
— ¿Qué fue lo que viste tú?
—Un enorme perro. Un sabueso de ojos rojos, era inmenso pero estaba huesudo y tenía espuma en la boca, como si estuviera rabioso. Me asusté e intenté moverme pero…
—Será mejor que lo cuentes completo.- sugirió Valerie, mientras se acerca a Mel y sujetaba su brazo para pasárselo encima de su hombro.

Esa escena fue tan incómoda entre todos que un patético silencio rondó por los cuatro chicos, una sensación de extraño disgusto que tuvo que ser desvanecida por ese lamento inquietante.
—Holy, comienza.- Martins volvía a estar nervioso.
—Sí.
—Bien, te escuchamos.

Damien tosió para aclarar su voz y luego se acomodó al costado de la roca, y así narró su corta desventura.
—Cuando la niebla cubrió todo, un extraño frío se apoderó de mí, así que decidí ir a dormir. Caminé hasta las tiendas que habíamos armado cerca de donde habíamos tomado la fotografía y eso era en la planicie de la montaña. Tenía la cámara colgada en el cuello porque había estado tomando con ellas una que otra posición del cielo que empezaba a oscurecer por completo y llegué con ella a tomar una fotografía a lo que vi en la niebla. Lástima que se malogró.
Caminé hasta el lugar donde habíamos armado las tiendas y estoy seguro de que fui hasta el lugar correcto, porque era ahí, pero las tiendas ya no estaban, no había ni rastro de los clavos ni de las huellas de que estuvimos ahí a la hora de haberlas armado. Simplemente era como si se las hubieran llevado. Entonces cuando quise volver con Mike hasta el telescopio, me perdí. No sabía a dónde debía ir, así que simplemente busqué un lugar cerca en el que pudiera resguardarme hasta que la niebla pasara. Estuve tranquilo… diría que hasta que comenzó el día de hoy, cuando empecé a sentir que algo merodeaba cerca de mí. Escuché gruñidos y la sensación de ser observado, ya saben, como la que uno experimenta cuando… bueno. No le presté mucha importancia a lo que sea que estuviera ahí cerca de mí, pero que no llegaba a encontrarme, prendí la cámara y traté de entretenerme revisando las fotografías y así pasó, hasta que eso que estaba buscándome logró encontrarme.- Damien se detuvo un momento para tranquilizarse y luego continuó más calmado, aunque decir eso era mentir.—Al principio creí que se trataba de una persona por los ojos que resplandecían en la oscuridad, pero cuando iba acercándose, la cosa se tornó más horrible. Primero se me hizo familiar, como al perro que- miró a Mel- teníamos en casa, hace 5 años, ese que papá adoptó luego de una cacería y que tuvieron que sacrificar porque-
—Porque te mordió.- terminó por decir Mel.
Damien movió la cabeza asintiendo. —Sí. Me mordió.
Todo volvió a quedar en silencio.
El mayor de los Dickson extendió una de sus piernas y se remangó la vasta del pantalón para dejar ver su cicatriz 8 centímetros.
—Yo no sabía eso, Holy.- Valerie se admiró al ver la cicatriz que tenía en la pierna derecha, casi cerca del gemelo.
—Ni yo.- dijo Mike, mientras se acercaba para verla mejor.
Damien sonrió y siguió contando, Mel por su lado estaba muy callado, estaba comprendiendo algo pero no quería estar seguro de eso, quería equivocarse.
—Me pareció a Rocky, sí, ese perro negro y despiadado con cara de ángel. Pero cuando ese rostro agresivo se acercó por completo, comprendí que no se trataba del pobre y viejo Rocky. Este perro-sabueso era más agresivo… era monstruoso, era como haber visto la verdadera actitud de Rocky encarnada y echa perro delante mío.
Todos contemplaban a Damien con una mezcla de maravilla y horror.
—Y resulta que este perro también me-
—No.- interrumpió Mel, mientras se llevaba las manos a la boca y luego se acercaba hasta su hermano, retirándose el brazo de Valerie y yendo hasta él, como aquellas vez en el garage de la casa, mientras escuchaba a Damien gritar adolorido y al perro ladrar sin sentido alguno.
—Sí.- respondió Holy, con una sonrisa apagada que encerraba un enigmático significado que solo Mel podría entender más adelante o quizás nunca.

Damien se remangó la vasta izquierda del pantalón con cuidado, mientras que se quejaba de cuando en cuando, cada vez que la tela del vaquero subía hasta su rodilla. Ahí, de manera contraria a la cicatriz de la pierna derecha, la herida sangrante de aquel extraño perro que se le había aparecido a Damien, vio la luz. Era tan idéntica a la otra pero con una posición al revés, como la de un espejo, estaba invertida, pero tenía todas las características. Ocho centímetros marcados con huellas de dientes feroces y salvajes que se habían incrustado en la piel de Damien Dickson, casi cerca del gemelo.

—Oh, Damien. Maldición. Tenemos que sacarte de aquí, hermano.- Mel estaba apenado más que aterrado como el resto.
— ¿Por qué no lo dijiste antes?- preguntó Valerie mientras lo ayudaba a cubrir la herida de nuevo.
—No quería preocuparos, chicos.
— ¿Estás de coña, Damien? Maldición. Eres un idiota, amigo. ¡Cómo creías que no íbamos a estar preocupados! ¡Cómo! Si te habíamos perdido y esto estaba yéndose a la mierda. Tenemos que llevarte a un hospital.
—Damien, debiste haberlo dicho.- Valerie terminó de cubrir la herida.
—Se puede infectar, si ese perro tenía rabia tenemos que sacarte de aquí y-
—Basta chicos, ya ven cómo se ponen.
— ¡Qué!- ladró Martins- ¡Estás imbécil! ¡Si te infectas de rabia, qué! ¡Si te vienes en hemorragia, qué! ¡No nos querías preocupar ¿eh?!
— ¡Pensé que iba a morir!

Todos se quedaron callados.
—Pensé que era el fin. Ese perro salió de la nada y volvió a irse de donde vino. Pensé que iba morir porque me atacó y trataba de llevarme a la oscuridad. ¡Pensé que no los vería de nuevo! Entiendan eso. Pero si muero aquí, con ustedes cerca, será mucho mejor que haber muerto olvidado en medio de la nada, a merced de una criatura salvaje.

Martins miró con ira a Damien, estaba más que preocupado por su amigo y creía que todo lo que decía eran estupideces.

El canto se volvió a escuchar a lo lejos, pero se podía inducir que se aproximaba.

—Nadie se va a morir y menos tú, Damien.- Mel se apresuró a cargar a su hermano, lo sujetó de un hombro y luego pasó su brazo por sobre su cuello para que se soporte en él. —Vamos, Mike, ayúdame.
—No, puedo solo.- dijo Damien, incorporándose sobre sí.
—Eres un tipo fuerte.- bromeó Mike a pesar de la alarmante situación en la que se encontraba.
—Es genético.-bromeó el mayor de los Dickson mientras se ponía delante de todos y caminaba a paso normal. —Sé el camino, así que será fácil llegar y cruzar el bosque.
Mike igualó la distancia de Holy y conversaron casi susurrando.

Damien les sirvió de guía, terminaron lo que restaba de camino hasta el bosque y cuando llegaron hasta los árboles se sintieron más acorralados que nunca, eran ahora insectos bajo la lupa de una entidad malévola o algo más, pero lo que la situación les sugería era escapar, porque entre esos árboles una maldad increíble se escondía, esperando agazapada, al acecho de los cuatro chicos.