En la Niebla - Capítulo 2


(J.T.Yuimachi) #1

La Tarde
[…] Es difícil para mí tratar de olvidar la escena. Simplemente no puedo. Es, es como una pesadilla, aunque no creo que pudiera explicarla, ni mucho menos la sensación que experimenté cuando llegué al lugar. Ver todos esos cuerpos, observarlos de cerca y notar aquello… no, simplemente no quiero recordarlo. Había estado preparado para cualquier situación, pero jamás me habían entrenado para algo así […]

Grabación de Mitchel Collins. - 16 de Octubre, 2009.

[…] Eran jóvenes agradables. Yo diría que eran buenos chicos. Estuvieron aquí en el pueblo solo un día y eso fue todo.
Se hospedaron diciendo que irían a la montaña por una fotografía. No me lo dijeron directamente pero los escuché hablar de eso durante la cena. Les advertí… Dios, sí que lo hice y sin embargo ahora… Cuando llegó la noticia a mis oídos no pensé que… Dios…
No creo que pueda seguir hablando de esto […]

Grabación de Rachelle Hoggins. - 16 de Octubre, 2009.

•El Atardecer•
En la oscuridad que se acentuaba, la hoguera pequeña se percibía más que antes. Una luz anaranjada fatua.
El viento se tornaba caprichoso de vez en cuando, pero con más frecuencia y más fuerza que en el ocaso. Y el sonido crepitante de las ramas secas ardiendo, creaban una especie de armonía salvaje nocturna.
Los cuatro estaban sentados sobre esterillas y observaban en silencio la fogata, mientras esperaban que algún tema de conversación surgiera.

—Dick, explícame.- Mike había hecho contacto visual con Mel y ese pequeño encuentro de ojos le había hecho recordar un asunto, del cual quedaban un par de incógnitas para él.

Mel paseó la vista sobre las flamas que huían de la llama central de la fogata, como espantadas por el calor incesante y abrazador que nacía en torno a las ramas.— ¿Qué?

Valerie sujetaba al pequeño cristal de cuarzo verde por la pita negra, mientras paseaba el pedazo amoldado de cuarzo en círculos vagos y pequeños.

—No lo hagas, Martins, le susurró Damien, que sospechaba por dónde iban las intenciones de Mike con aquella espontánea pregunta.

Él lo ignoró. Mientras conservaba una postura seria y adulta, esperando que Mel actuase de algún modo, podía observarse los rasgos de un niño bromista que había sido llevado por tres veranos al campamento de los Boy Scouts.

—El año pasado… bueno, es decir, lo que sucedió en la fiesta del año pasado, en casa de los-
— ¡No sigas!- le interrumpió Valerie, dejando caer el collar sobre su pecho.
Mel no se inmutó.

Por un momento todo siguió como antes. El silencio era el lienzo del sonido natural, el cual estaba conformado del crepitar de ramas secas y el viento silbando a través de las hojas de los árboles.
Damien temía que su hermano reaccionara en algún momento de manera agresiva y terminara peleando con Mike, pero lo que sucedió a continuación, fue en todo, distinto al pensar de Damien.

—¿Qué sucedió en la fiesta? ¿Quieres saber eso?

Damien y Valerie observaban en silencio la escena, y contemplaban con ojos de tensión a su protagonista: Mel, que parecía calmado a pesar de mostrarse algo incómodo.

Mike sonrió y después de humectarse los labios volvió a hablar.—Sí, quiero saberlo.
—Creo que ya tienes conocimiento de eso, Martins. Pero si insistes.
Valerie estaba nerviosa, observándole desde su posición.

—Insisto.-bromeó Martins sin quitarle la mirada a Mel. Sin quitarle tampoco esa sonrisa que empezaba a verse odiosa ante Valerie.

Maldita sea la hora en que se le ocurrió hablar sobre eso. Nadie hablaba. El crepitar, solo había crepitar naranja y amarillo.

—Pues, tuve más sexo del que tú tendrás en toda tu vida, si es eso lo que quieres saber.-le contestó Mel a Mike con un rostro serio.

La sonrisa de Martins se borró y en su remplazo apareció una mueca de asombro y mal gusto.

Damien Dickson estalló en carcajadas mientras apoyaba una mano en el hombro derecho de su amigo.—Eres un idiota, Mike. Un idiota humillado.

Valerie también mostró su reacción, aunque de manera sutil. Sonrió y luego tomó la palabra, no sin antes fijarse en Mel por un segundo.

“Melly Dickson, estás en problemas.”

¿Qué? Pensó Mel confundido con la voz de Stonehill dentro de su cabeza.

—A decir verdad, sí que fuiste el único que tuvo más sexo esa noche, más que Martins.
Damien volvió a reír.

— ¡Hey! Aquí ay asunto de pareja.- comentó Mike.
— ¡Cállate, Martins!- Valerie alzó la voz bromeando.
—Tranquila, Valerie… Dickson.

Esta vez el que se rió de chiste fue Mel, sin quedarse atrás su hermano, Damien.

Después de estar un tiempo burlándose de lo que sería una situación incómoda, la quietud volvió a apoderarse del momento. Crepitar y silbido era todo lo que se escuchaba.

— ¿Y cómo es que…?- preguntó Mike.
—No lo sé.- respondió Mel.
— ¿Y tú, Val? ¿Recuerdas algo?
Ella negó con un movimiento de cabeza.
—Lo más seguro es que estuvieran ebrios.- opinó Damien.
—No, no habíamos bebido. Solo conversábamos cuando todo eso pasó.- dijo Valerie desconcertada, como si no estuviese segura de lo que estaba diciendo.

“¿Recuerdas algo, Melly?”
—Vaya.- Mike lanzó una rama a la hoguera que amenazaba con apagarse.

Damien notó la pequeña tensión entre ambos. El evitar que sus miradas se encuentres, su cercana lejanía, ahí, en la fogata. Necesitaban hablar de “aquello” ahora, tomarse el tiempo para platicar de lo que callaban por… ¿Por vergüenza?

—Mickey, vamos a ver las estrellas ¿sí? Ellos, creo que tienen que hablar de mucahs cosas.- le susurró Dickson a su compañero.

Este asintió y los dos se marcharon sutilmente.

—Bueno, nosotros estaremos un momento ocupados en el telescopio. Damien con su cámara y yo con la calidad.

Mel asintió sin voltear a verlo.

En el silencio de la temprana noche, los dos jóvenes se quedaron, sin verse directamente, pero escuchando sus pensamientos, sus voces internas, que sin duda, tenían que hablar de muchas cosas.

•La tarde•
El clima en la carretera era relativamente caluroso. La camioneta que manejaba Mike Martins, parecía despegarse del pavimento y volar; en pequeñas ocasiones se podía experimentar un vacío en el estómago estando de copiloto o sentado en los asientos posteriores.

— ¿Qué le sucede a esta cosa?- preguntó con un tono incómodo Valerie, mientras trataba de encontrar una mejor posición en el asiento.
—Se llama tiempo, nena.- Martins respondió sarcásticamente, a la vez que por el retrovisor chequeaba el estado del hermano menor de Damien Dickson, su amigo.
—El padre de Mike es tacaño y a lo único que accedió a darle fue esta anticuada carreta.- le respondió Damien a Valerie.
—Vaya que tu papá sí que te quiere, Mike.
—No digas eso de mi padre, nena. Él solo es… un hombre que sabe invertir. Algo desconfiado porque es su dinero, pero buena persona.
—Por supuesto, Mike.- ella sonó de manera irónica.

Mel observaba por la ventana, apoyándose contra la puerta, dejando una fina línea entre el borde y la ventanilla bajada del lado diestro del automóvil.

—¿Qué tal tú, Dickson? ¿Todo bien?- Mike volvió a verlo por el retrovisor.
—MMDD
—Eso dice todo.- se respondió Martins en voz alta.

Cuando la puesta del sol ya era exagerada y el tiempo apremiaba, la camioneta se encontraba aparcada en un espacio de tierra aplanada que fungía de manera improvisada como un estacionamiento.

Los cuatro chicos bajaron dos minutos después de haberse estacionado y haber revisado todo el asunto del equipaje.

No faltó la broma de Mike que usaba para cuando salían los cuatro. Una vieja mofa que había sacado de los cuidados de la señora Dickson.— ¿Ya te pusiste el bloqueador, Melly?
—Déjalo en paz.-profirió Damien con una sonrisa mientras abría la puerta derecha.

Encontrar hospedaje había sido realmente fácil y eso era una ventaja en el camino para todos, por dos razones. Uno, porque Mike no quería usar sus implementos de supervivencia si acampaban. Y dos, ninguno de los tres quería ver a Mike utilizando sus implementos de supervivencia.

No olvidaban lo de la última vez, cuando él los condenó a estar más de 2 horas esperando a que encendiera una hoguera frotando una rama contra un pedazo de tronco porque no se había llevado un encendedor consigo. Toda una anécdota para contar.

Ahora estaban bajo un techo. Una cabaña de madera con bonitos acabados y totalmente espaciosa. Por afuera, el techo dos aguas de color oscuro hacia verla muy clásica. La chimenea encendida exhalaba pequeñas nubes de color gris. La fachada, de un lado una gran ventana que dejaba ver una extensa mesa, en el centro dos puertas que llevaban a la recepción y del otro una silla mecedora, en donde el que llegara primera podía sentarse. Y por dentro seguía sorprendiendo. Dos plantas, cinco habitaciones arriba y tres abajo, más el comedor comunal, la recepción y una pequeña habitación que servía como salón de huéspedes (o algo así les explicó la mujer que los atendió). Del espacio vació entre las cinco habitaciones que daba para la primera planta, las vigas de madera servían como sostén de dos arañas muy bonitas. Era un sitio realmente acogedor y magnífico para alguien que buscara alojarse cerca a un bosque.

—Esto es otro nivel de hospedaje.-dijo sutilmente Damien cuando ingresaron al lugar.

Ahí los recibió primera la recepcionista. Una chica joven, quizás de la edad de ellos o algo menor, luego una mujer adulta que estaría en la mitad de la base cinco. El cabello tratado y con una sonrisa que parecía ser provocada por el lugar.

—Sean bienvenidos. ¿En qué puedo ayudarles?- La pregunta era obvia, pero la mujer no se molestó en hacérsela a los chicos.
—Queremos hospedarnos una noche.- Mike se portó amable y eso fue todo.

Después de haberse instalado rápidamente en una sola habitación (la más grande, habían ordenado). Bajaron a la primera planta e ingresaron al comedor que ya hermosa pinta tenía desde lejos.
Martins como un niño corrió a sentarse desde un “buen ángulo”. Le siguió Damien y los dos últimos, Valerie y Mel, se acomodaron en los lugares cercanos a ellos. Los cuatro ocupaban una cuarta parte de la mesa, ya que esta estaba destinada para veinte personas.

Luego de estar esperando un breve periodo de tiempo, la muchacha que los había recibido al principio se acercó para preguntarles qué era lo que deseaban. Su cabello rojizo le había llamado demasiado la atención a Mike, y había empezado su plan de ligamiento, muy malo por cierto.

— ¿Tú qué deseas?- la joven pelirroja se había acercado demasiado a Mel, solo para preguntarle por la cena.
Él se limitó a realizar el mismo pedido que los otros y esperar a que se lo trajeran.

Dos personas más ingresaban para hospedarse.

Algo había sucedido de manera invisible entre Mel y la pelirroja que esta había decidido abandonar su puesto de recepcionista en el pequeño hospedaje y dejárselo a otra muchacha, relativamente más joven que ella, para ir y sentarse junto a los cuatro y platicar. Qué más daba, si ellos eran los últimos jóvenes en mese que había visto. Muy extraño para ella verlos a diario por el pueblo.

— ¿Ustedes de dónde son?-preguntó sin terminar de sentarse al lado de Mel, a quien se le notaba algo nervioso.
—De Kentucky.- respondió Martins con una sonrisa, sin quitarle la mirada de encima a la muchacha.
—¿De Kentucky? ¿Y por qué venir de tan lejos hasta aquí?
Valerie medía la distancia entre Mel y… No, no debía hacerlo.
—Por qué no.- respondió Damien.
—Seguro hay una intención de fondo. ¿No es así, preciosa?- La chica se refirió a Valerie, viéndola con amabilidad.
—Sí.-respondió ella.—Deseamos tener una buena vista natural para nuestra sesión de fotos.
—Interesante.
—Sí ¿No? Aunque la verdad venimos para tomar una fotografía al atardecer desde las montañas que hay aquí. Dicen que es una hermosa vista.-volvió a sonreír Mike.
—Claro, pero deberían ir más al oeste. Aquí no hay tan buenas vistas, chicos.
—Sí que hay buenas vistas desde aquí.- se pronunció Damien.
—¿Y dónde piensas que encontraran una buena vista?
—En CursedMount.- le respondió Martins a la muchacha.
La expresión de la chica pelirroja cambió dramáticamente de una reluciente sonrisa, como la de la mujer que los recibió después de ella, a un rostro desencajado de pánico y sorpresa aterradora.
Se levantó del asiento que había tomado al costado de Mel y volvió a la recepción en busca de alguien.

Los cuatro se quedaron confundidos, mirándose las caras y tratando de adivinar qué era lo que acababa de suceder.
— ¿Qué fue eso?- preguntó Mel desconcertado.
—Creo que la asustaste con tus “encantados”.- se burló Valerie.
—Cómo creen.

Los tres se rieron de Martins.

Después de un momento, los cuatro chicos vieron conversar de manera seria a la pelirroja y a la mujer adulta, que después de un intercambio rápido de palabras y expresiones, se dirigió a sus lugares.

Tenía terror en su mirada y su cara demostraba estar preocupada, como si Martins acabara de haber dicho algo tan peligroso e innombrable.
—¿Es verdad, muchachos?
Todos arquearon las cejas.
—Mi hija me acaba de decir que ustedes van a CursedMount, ¿es eso cierto?
Los adolescentes asintieron con temor a que estuvieran errando.
—Será mejor que abandonen sus deseos de subir esa montaña.
—¿Por qué?- Damien se encontraba serio.
—Solo regresen a su estado, a sus casas y no piensen en ir a esa montaña.
Mel sintió un escalofrío y una acorazonada de a lo que se refería la mujer.
—¿Qué sucedió ahí?- fue la pregunta que más helado que a los otros tres dejo a la mujer.
Hubo un silencio extraño y misterioso, en el cual no se pudo percibir nada, hasta que la señora por fin pudo hablar.

—Regresen antes de que la oscuridad los atrape en el camino, así podrán estar seguros. Y por nada del mundo decidan acampar en la ladera de la montaña. Si quieren hacerlo que sea en el bosque, pero no en la montaña. Aunque lo mejor es que se olviden de sus deseos por subir CursedMount.

Después de hablar, la mujer los dejó con más dudas que respuestas. No hubo otras palabras después de eso.
La cena les llegó por la chica menor a quien le habían encargado el puesto de recepcionista. Todos cenaron en completo silencio.
Dentro de sus cabezas, la duda de a lo que se refería la mujer los intrigaba, pero no podían renunciar a lo que habían planificado de manera detallada. Era jugársela el todo por el todo.
La cena en silencio, los cuatro en la mesa, ahora solo el sonido de los cubiertos golpeando la porcelana.

Una pensamiento negro y vaporoso cual neblina invadía a Mel, quien parecía haber entendido realmente qué era lo que había querido decir la mujer.

La tercera parte será publicada dentro de poco.


(idrian) #2

no esta mal hermano, pero pierdes tu tiempo publicando en este foro es mejor que te vayas a otro o una pagina de facebook o algo así


(system) #3

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