En la Niebla - Capítulo 3


(J.T.Yuimachi) #1

Niebla y frialdad

[…] Fui el único periodista que pudo estar en la escena grotesca, y no creo que lo que me haya permitido estar ahí haya sido suerte, sino todo lo contrario. Cabe mencionar que también fui el único que logró tomar más de una fotografía. Las puede ver si gusta, aquí tiene… ¿Lo ve? ¿Ve aquello?
…No sabe qué es ¿verdad? Déjeme explicárselo. La tomé en la zona del bosque donde tiempo después, los policías restringirían el paso, el lugar donde encontraron los cuerpos de esos chicos. En resumen, esos bultos que ve en la fotografía, son cuerpos, pero no corresponden al caso […]

Grabación de Andy Corcorant. - 16 de Octubre, 2009.

[…] ¿Está grabando? Bien, por aquí, graba esto…
Ok, vamos a empezar… Son las nueve de la mañana en Oregón, el clima es relativamente templado, pero la sensación de frío por esta zona se hace fuerte, además de la presencia de una extraña niebla que cubre parte de la ladera oeste de la montaña y parece ir ascendiendo poco a poco, hasta lo más arriba de la montaña. Nunca he visto algo así.
¿Qué fue eso? ¿Lo escuchaste? ¡Qué diablos fue eso?
…Por aquí, sígueme con la cámara, hijo. Por aquí, por aquí. Cuidado en la bajada.
Otra vez. ¿Lo escuchaste? Sí, yo también.
Parece que nos acercamos, Danny. Ten cuidado en la bajada.
¡Dios mío! ¡Qué es esto! ¡Por Dios!
No sé si estarán vivos, no lo sé. No los toques. ¡Por Dios! Mira sus cuerpos. ¿Estás grabando?
Graba ahí. Grábalo, graba eso. Dios santo, qué carajos les ha pasado. Graba eso, Danny.
Dios santo.
…Bien, son las nueve con cuarenta y tres minutos, la niebla parece irse y hay gente por todos lados. No sé, tal vez más de lo que hay aquí. No tengo idea, pero llamaré a la policía. Danny, apaga eso.

Vídeo de Elmer y Daniel Wall, confiscado por la policía del condado. - 14 de Octubre, 2009.

•El Atardecer•

Damien y Mike se distraían a la distancia, observando por el telescopio las constelaciones que daban al sur. Desde aquel lugar en Oregón podía observarse mucho mejor el cielo nocturno que desde Kentucky.

La fogata despedía pequeñas chispas de un candor amarillento y naranja, que desaparecían cuando se alejaban del fuego.

Mel sentado en el suelo trataba de comprender el sentido de la fiesta, de la noche en que todo sucedió, era difícil evitar que volvieran los recuerdos que de seguro Valerie también conservaba.
Sus ojos verdes, dibujando el placer con su recorrido sobre los suyos. No podía lidiar con todo aquello. Maldita sea.

—Entonces, ¿quieres quedarte a ver cómo la fogata muere o deseas conversar?- preguntó Valerie, rompiendo en hielo.

“Espero que elijas bien, Melly.”

—Era inevitable ¿cierto?

Ambos sonrieron, con el silencio los dos aceptaban ser cómplices de algo que sabían en el fondo.

Encima de ellos, algo empezaba a encaminarse de manera discreta, muy discreta. Se deslizaba cual serpiente sobre la rama de un árbol, esperando que su presa ignorara su presencia efectivamente.

Dickson notó que la muchacha del collar de cuarzo verde se levantaba para sentarse junto a él. Apartó su cuerpo hacia un lado y esperó a que llegara.

Ninguno notaba el descenso de aquello frío y gris.

—Melly Dickson.- pronunció.- Es hora de hablar.
Él guardó silencio.
—Te noto incómodo, Mel.
— ¿Quién no lo estaría después de haber tenido una experiencia… como en la fiesta?

La niebla gris bajaba.

—Bueno, supongo que yo.- sonrió Val, mientras le mostraba sus ojos verdes que reflejaban el candor del fuego.
—Ya…
—Como sea, creo que-
—Si lo que quieres es saber si en verdad recuerdo cómo terminamos en la cama de los padres de Capebell, te diré que no.

Ella se sorprendió, solo un poco.

Con su manto de espesura apagada.

—No recuerdo nada. Apenas tu voz diciendo:
—Me gustas, Mel.- terminó por decir ella.
Ninguno volvió a hablar hasta que una rama seca, ya blanquecina y consumida, cayó rendida por el fuego.
—Me gustas, Mell.- volvió a decir ella.
—Ya lo sé, ya lo dijiste. No tienes por qué repetirlo.
—No, no lo sabías porque me ignoraste sin motivo aparente desde esa noche. Fue como si lo que hubiera pasado simplemente haya sido… pasajero.

Brincaba y saltaba, sobre la montaña inclinada.

—Porque-
— ¿Por qué, Mel?
— ¡Porque me gustas! ¿Sí?
Valerie detuvo el habla por el asombro que se llevó con las palabras de Mel.

Con una sonrisa elegante y una tempestad amenazante.

—Me gustas, y me gustaste desde que… desde que te vi por el espejo esa vez, en casa.
— ¡Estaba desnuda, Mel!- vociferó Stonehill.
— ¿Y quién no sentiría algo en ese momento?
—Pues, supongo que-
—Siempre supones.

Cabalga expectante, hacia la proximidad restante.

Damien y Martins se percataban de todo, incluso llegaban a escuchar la discusión que habían establecido ambos alrededor de la fogata. Ahora las estrellas daban igual si es que la verdadera razón de haber subido la montaña, más allá de tomar la fotografía y ver las estrellas, era observar a Mel y Valerie discutiendo, como antes.

Con su velo andante y su paso desquiciante,

—Mel, mírame.- las anos de ella hicieron que sus ojos se posaran sobre los de él.—Yo no puedo dejar esto así, ¿okey? Simplemente no puedo.
La niebla se aproximaba sin ser vista, como un acosador nocturno, colándose en la habitación de su víctima sin ser sospechado por ella entre sueños.

—Valerie, si quieres que olvide este asunto lo haré, jamás diré nada. Y me alejaré, haré como lo hago ahora.
—No se trata de eso.
—¿Entonces de qué? ¿De hacerlo de nuevo? ¿De fingir que no escuchamos lo que dicen de esa noche, incluso mucho tiempo después?

La niebla, amigo mío, ha decidido atraparte.

—¡No! ¡No actúes como un idiota, porque no lo eres!
—Entonces, ¿qué?
—Se trata de tú y Mel.
—¿Qué?
—Por tu culpa ya no sé qué es lo que estoy diciendo, Mel.
Él tomó la iniciativa, como en la fiesta en casa de los Capebell y sin previo aviso, besó a Valerie.

•Niebla y frialdad•

La niebla había llegado a ellos. Se había introducido en el campo de visión de manera sutil y silenciosa. Para cuando Mel y Valerie se besaban, la neblina azul los tenía rodeados. Abarcaba desde la cima hasta más allá de donde su pequeño campamento se acentuaba, incluso llegaba hasta los primeros árboles del bosque que nacía en la ladera de la montaña.

Damien y Mike tampoco lo habían notado, simplemente habían sido víctimas de algo que no habían logrado percibir, un agente misterioso que se había colado en sus narices y les había acostumbrado la visión, poco a poco, a ver más y más opaco, más y más oscuro, más y más lejano, y más y más a ver menos.

—¿Qué fue eso?- preguntó Valerie con una coqueta sonrisa en el rostro.
—Supongo que un beso.- respondió Mel.
—Siempre supones.

La hoguera que había encendido Mike se asemejaba a una luz que se filtraba por una ventana empañada, deformada en un círculo irregular y degradado, que temblaba en la soledad.

—Chicos.- llamó Mike a Dickson y a Valerie, a quienes él les ha perdido de vista.
Mel a levantar la mirada y buscar con ella a Martins, se dio cuenta, por fin, que la niebla les había obstruido la visión completamente. Y lo único que veía era la bruma húmeda y pálida que se había acentuado entre todos ellos.

Valerie fue la segunda en enterarse, cuando observó los ojos de Mel y contempló la transformación de su sonrisa en una mueca de desacierto total, pudo darse cuenta que estaban en una situación no muy tranquilizadora, si es que lo era ya de por sí.

—Chicos.- volvió a clamar Mike mientras daba unos pasos hacia lo que consideraba su frente, dejando atrás a Damien, quien no se movía para nada.

—¿Qué es esto?- preguntó ella con temor.
—Solo es niebla.
—Bien. Entonces, hay que ir con Mike y Holly y esperar a que se disipe la neblina.
—Sí.
Ambos se levantaron y tanteando el suelo con la punta de sus botas, avanzaron en línea recta hacia donde suponían que estaban los otros dos.

—Oigan, pareja del año. Sí, ustedes. Muevan sus traseros para acá antes de que vaya yo mismo a buscarlos y eso no les va a gustar.

Se oyó a Martins fingir enojo y Valerie le siguió el juego

—Cállate, Mike. Cuando llegué para allá haré que me pidas disculpas, ¿escuchaste?

La risa de Martins se oyó lejana tanto para Mel y Valerie, como para el propio Damien, quien creía que lo tenía cerca.

—Vamos, chicos. Apúrense que estoy volviéndome anciano, maldición.

—¡No! ¡Alto! ¡No se muevan!- Damien los alarmó a todos. Les había pedido a todos que detuvieran la marcha de reencuentro.
—¿Qué sucede, Holly?- preguntó Valerie.
La voz de Dickson se escuchó lejana.— ¡No se están acercando, se alejan! ¡No los llego a escuchar bien!
— ¿Qué?- preguntó Mel.
—¡Se están alejando! ¡No se muevan, esperen a que pase esta neblina y volveremos a reunirnos!
—Está bien.- respondió Mel y Mike al mismo tiempo, sin escucharse uno al otro.

Ninguno de los cuatro tenía idea de lo que la niebla traía consigo, oculto en lo más espeso de su gris capa de humedad. Algo que los empezaba a acechar.

—¿Crees que debemos esperar, Melly?- preguntó Stonehill, mientras observaba su collar balancearse de un lado a otro.
—Sí, creo que sí debemos esperar.

Ellos podían ver la hoguera hacer un baile espectral en medio de la neblina, pero poco a poco esa luz empezó a decrecer hasta que el vacío de la oscura bruma la devoró entera, sin dejar huella de la fogata que Mike Martins había encendido.

Damien se sentó sobre la roca que tenía detrás de él, una gran roca que estaba cerca del telescopio. Estaba nervioso, pero esperaría a que toda esa capa fantasmal de la naturaleza, desapareciera.

El primero en sentir frío fue Mike, que había sido el “valiente” de subir la montaña sin llevarse , siquiera cargado, el abrigo.
Sin embargo, el frío que experimentó en primer momento no era un frío físico, no uno que hacia que uno quisiera abrigarse al instante, sino más bien, un frío tácito, pero intenso, que le había hecho sentir nostalgia y desesperación absoluta.
Incluso, cuando esperaba titiritar de alguna manera, el frío se introdujo en él y le provocó nerviosismo, apoderándose de su cuerpo y provocándole convulsiones espontáneas de estremecimiento, de terror e incertidumbre ante algo que se aproximaba pero no llegaba siquiera a vislumbrar. Y todo eso le generaba pánico, una claustrofobia confusa y paranoica que luchaba por salir en forma de gritos, pero no podía, simplemente no lograba hacerlo. Estar en esa niebla había comenzado a ser algo malo para él y pronto lo sería para los demás. Necesitaba salir. ¡Necesitaba salir de ahí, como sea lo requería!

Y luego un eso. Ninguno de los cuatro lo escuchó bien la primera vez, para cada uno de los amigos, eso había sonado distinto. Y en su momento, pensaron que se trataba por la separación uno del otro, la percepción de aquello.

Para Damien fue como escuchar el canto de una ballena, allí en la neblina oscura.
Para Mike, en cambio, el sonido que llegó a escuchar le pareció más al de bisagras viejas y hasta cierto punto, faltas de lubricante.
A Valerie le pareció oír ese típico sonido de alguien empujando un mueble pesado, el cual al deslizarse por el suelo provocaba un extraño alarido inanimado.
Y a Mel, ese simple y extraño lamento, le hizo recordar una versión tupida y tergiversada de la bocina de un tren, que surcaba la niebla, avisándoles a todos, que en esa espesura de gris débil y opaco, se aproximaba lo desconocido.

El quejumbroso ruido gutural de la niebla, fue el prefacio del terror que apenas percibían los cuatro chicos.

En lo que resto de tiempo para que reaccionasen al deforme sonido, otro apareció de repente, perturbando a los adolescentes y haciendo desaparecer lo último que quedaba en ellos de calma.

La nieblas había decidido atraparlos.


(system) #2

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