En la Niebla - Capítulo 4


(J.T.Yuimachi) #1

Cantos en la bruma

[…] Charles, tenemos un problema, sí, estoy cerca a… Sí, afirmativo. No, no sé de qué se trata. Tengo a dos sujetos aquí, suenan muy asustados. Dicen ser cazadores y haber encontrado algo en el bosque mientras… sí, cerca a la montaña.
¿Cómo dices? Sí, dos hombre, un padre y su hijo, ajá. ¿Cómo se llama, señor? Bien y ¿el nombre de su hijo? Vale.
Sí, Charles. Sería bueno que vinieras, no tengo ganas de adentrarme en el bosque solo, sabes como es esa zona.
Entendido, Charles; esperaré. Cambio y fuera […]

Grabación de la conversación radial entre Mitchel Collins y Charles Hawkings. - 14 de Octubre, 2009.

[…] Cuando Mitchel informó por la radio del problema, yo acababa de recibir una llamada. ¿De quién? Solo recuerdo la voz de una mujer asustada. Estaba desesperada por saber si habíamos hecho lo necesario para evitar que los cuatro jóvenes subieran la montaña. No sabía nada al respecto, son muchas las personas que llaman y las que responden también; pero estoy seguro de que nunca atendí la llamada de esa mujer de la que usted me habla. No, no, como le digo, a la señora a quien yo atendí era otra persona, sonaba molesta y ansiosa cuando le pregunté a qué se refería, luego colgó. Incluso para probarle que se trata de otra persona le puedo decir el nombre, sí, déjeme buscarlo en mi libreta, aquí, bien, aquí está. Dijo llamarse-

Grabación de Charles Hawkings. - 16 de Octubre, 2009.

•Preludio•

La música se escuchaba filtrada y proveniente de abajo. Sonaba una melodía eléctrica- algo antigua (9 años en sí), pero que aún despertaba sentimientos de euforia en los jóvenes- por los parlantes.
la voz de Bon Jovi ya llegaba al coro de It´s my life.
Las manos de Mel trazaban figuras y curvas con su paso por el cuerpo de Valerie. Su cabello rubio se asemejaba a una persiana por donde sus ojos verdes miraban a los de Mel, agazapados tras esa brillante y sedosa cortina, como los de un gato.

El cuerpo de Stonehill iba y venía en una danza profana y deseosa. Sentía como toda ella se estremecía, un gustoso frío que recorría su espalda y la empujaba a un vacío de emociones y sensaciones únicas y desconocidas.

Las lamentaciones que provocaban el precio del placer eran susurros tras la potente música que se escuchaba desde la primera planta de la casa.

Luego la escena cambiaba.

La acción había dado paso a un descanso armonioso y delicado entre los dos amantes.
Las sábanas les cubría el torso a ambos. Debajo de ella, sus pies entrelazados jugueteaban.

—Te quiero.-sonrió Valerie, mientras pasaba un brazo sobre el pecho de Mel.
Él no respondió y solo volteó a verla y devolverle el gesto mientras acariciaba su mejilla.
—Creo que sí.-dijo al fin.—Pero yo más.

Esa escena se cerró con un beso y todo volvía desvanecerse para dar paso a algo más.

—Hey, Mel.
Él seguía avanzando.
—Te violaron, Melly.-pronunció alguien en son de burla.
—Oye, quién te crees que eres.
—No, Val.
—Suéltame, Dickson.
—¡Detente, Valerie!
—¡Suéltame, voy a-!
—¡Ya basta! Todos nos están viendo.
—Mel, yo solo-
—Por favor, vete.
—Mel…
—¡Vete!
—Pero, Mel…
Las risas se escuchaban de fondo. Y varios pares de ojos se habían posado sobre la “parejita” de la escuela que para desgracia de ellos, habían sido pillados in fraganti en la habitación del matrimonio Capebell, cuando ella se había animado a hacerlo por segunda vez (o eso decía el rumor, porque el único que los había visto, había huido cuando el cuerpo de Valerie se tambaleaba sobre el de Mel y eso había durado solo 2 segundos).
—Ya vete, por favor.
—Está bien, Dickson.

Luego ese beso en la mejilla que Valerie le dio antes de que se le escapara una lágrima y se alejara con sus cuadernos aferrados entre sus brazos, dándole la espalda a él.

—Mel. Melly, despierta.

•Bruma•

—Mel, Melly, despierta.- Valerie le pasó la voz mientras que lo sacudía levemente, tratando de despertarlo.
La niebla se había tornado más espesa alrededor de ellos, como si empezara a solidificarse en una suerte de espuma o sustancia viscosa que los terminaría por atrapar, si es que no llegaban a salir de la montaña.
—Mel, levántate. Los chicos no contestan.- Valerie tenía una mirada de preocupación y su gesto no parecía calmar la situación que se presentaba, sino empeorarla más, hacerla más insoportable.
— ¿No responden?-atinó a decir Mel mientras se ponía de pie.

Allá a lo lejos, entre el manto gris y obscuro algo empezaba a vagar por entre las sombras del apagado grupo de almas de gotas de agua.

—No, les he pasado la voz, pero ninguno responde. Creo que debemos ir a buscarlos.
—Lo más seguro es que se hallan quedado dormidos como yo.
—Me gustaría pensar eso, pero me temo que no puedo.
—¿Por qué?

Antes de que Valerie pudiera responder, el vacío de la neblina dejó escapar la voz de Mike, que a duras penas podía oírse.
— ¡Chicos! ¡Dickson, Val!

Ambos se vieron a la cara y después de un intercambio de miradas, corrieron en dirección al llamado de Mike, que sonaba distante a pesar de la poca distancia con la que su último recuerdo hacía constancia de la ubicación de Martins y Damien.

En la bruma grisácea, el cuerpo de Mel impactó con algo que, después de reaccionar, se supo que era nada más ni menos que Martins, quien asustado aún observaba a sus amigos.

—Demonios.-se expresó Martins mientras ayudaba a levantarse a Dickson.
—¿Y Holly?- preguntó Stonehill.
—No lo sé.

Un vacío consumió a los tres antes de que ese extraño ruido se presentara, muy parecido al canto de las ballenas, a un tren, al de las patas de un mueble, al de una bisagra vieja.
Provocaba una sensación de vértigo emocional en los tres jóvenes que se encontraban ahí.
—¿Dónde está, Martins?-preguntó Mel, más ansioso que antes.
—No lo sé.
—Pero si estaba junto a a ti hace un momento.
—¿Qué?
—Estaba contigo antes de que llegara esta niebla.
Martins volvió la vista a Valerie, quien mostró temor por lo que predecía que diría.— ¿Acaso no lo sabe?
— ¿Saber qué?- se interrumpió Mel.

•Desesperación•

— ¿Saber qué? ¡Díganme!
Valerie fue la que le contó todo. Había estado jugando con su collar todas esas otras veces en las que tenía que decir algo serio, pero en esa ocasión había decidido no hacerlo. Al parecer, lo que le diría iba mucho más allá de lo que ella estimaba como serio, era algo desesperante que debía llevarse con mucha cautela para no desatar una crisis entre ellos.—Mell, estuviste dormido por 10 horas y no pude hacer nada para que te despertaras hasta hace poco en que decidiste hacerlo por tu propia cuenta.
— ¿Qué?
— Dickson, estuviste durmiendo casi medio día y en todo ese tiempo la niebla no se ha disipado, sino que ha ido concentrándose más. ¿Entendiste eso?- le contestó Mike con la poca serenidad que le quedaba.— Y si quieres escuchar el resto, por favor, guarda silencio.

No hubo reproche contra las palabras de Martins, ni tampoco se esperaron que hubiera alguno, porque dada la situación, los reproches no servirían.

•Interludio•

Martins comenzó a contarles lo que le había pasado luego de que los tres estuvieran sentados.
En el silencio de la bruma, comenzó.

—Cuando la niebla empezó a tornarse más oscura, Damien estaba cerca a mí, los dos seguíamos echándole un ojo al telescopio y a ustedes, claro que eso era de vez en cuando porque tampoco era que nos importara mucho.
Entonces, cuando la niebla ya había ocupado todo el lugar, ese sonido extraño apareció de pronto. Damien aún seguía conmigo.
Estuvimos alrededor de 2 horas hablando hasta que decidió irse a la tienda a dormir. Me dijo que volvería si no las encontraba, temía perderse. Yo me quedé en la espesura un poco más, digamos que 1 hora más, así que cuando decidí ir a dormir también, supuse que él ya estaba en su tienda, descansando.
Pero no fue así. No encontré las tiendas y tampoco a Damien. Y lo peor de todo fue que me perdí camino de regreso al telescopio.
Después de eso vino el frío. Era extraño, no era algo común… es decir, no era un frío que lo sentías, porque cuando palpé mis manos seguían a la misma temperatura que un día normal. Es extraño ¿no?
Era un frío interno, y quiero pensar eso porque no le encuentro otra explicación.
Como sea, poco a poco me quedé dormido y cuando desperté -con ese extraño y quejumbroso sonido- me fije en mi reloj… Se supone que ya es mañana. Es decir, es catorce de Octubre y no trece, y aún así, la niebla no se ha disipado y no hay rastro de sol en ningún lado.

—Hay algo que no cuadra.-dijo Mel mientras corroboraba observando el reloj de Mike.
—¿Qué cosa?
—Que Damien nos gritó que no camináramos, si él nos dio ese consejo por qué simplemente se alejaría incumpliendo su propio aviso.
—Es cierto.- reaccionó Valerie.—Incluso tú nos gritaste que nos acercáramos y fue Holly quien dijo que no lo hiciéramos -sonaba muy lejano-, además de que hasta hace un momento de que te encontráramos, gritaste nuestros nombres.

Martins no creía lo que ellos estaban diciendo. Su rostro se deformó en un gesto de terror puro, mientras que sentía ese extraño frío volver a apoderarse de él.

—Eso no es cierto, yo nunca los llamé en ningún momento. Y Damien se alejó muy poco después de que la niebla lo cubriera todo.

Nadie habló, nadie se animó a decir algo al respecto, porque sabían lo que eso significaba; la tranquilidad los había abandonado en un páramo de humedad flotante, que había empezado a alterar las cosas.

Mike Martins había alarmado a los otros dos jóvenes, pareja de apenas un (quizás) día. En sus ojos se podía notar ese sentimiento de angustia que le provocaba pensar en todo aquello que podía transmitirle la niebla.

—Tenemos que buscar a Damien.- Mel sonaba muy preocupado por su hermano. Qué más debía hacer, eso era lo más importante, y luego, luego quizás debían huir de ahí, no importaba si dejaban la tienda atrás, o si dejaban la cámara y el sueño del atardecer perfecto. Solo importaba salir de ahí porque esa niebla encerraba algo más que simple agua condensada.

—Sí, debemos encontrarlo.

Martins se levantó y después de acomodarse la camisa que llevaba ayudó a la pareja a levantarse.
El collar de Valerie se movía en un vaivén ligero, ese verde esmeralda apagado, ahora se asemejaba más a el color de lo que la imaginación de Mike catalogaba como ánima.

— ¿A dónde?-preguntó Valerie sin esperar algo en concreto, pero depositando sus esperanzas en alguno de los dos muchachos que le diera una dirección inmediata.

—No lo sé.-profirió Martins temeroso.

—¿A dónde se dirigió cuando dijo que iba a su tienda?

Mike habló solo en voz alta, rememorando todo aquello que había pasado.—Yo estaba aquí, y luego él… sí, entonces…- silencio.
Valerie y Mel se vieron las caras.

—A la izquierda.- dijo él, casi extasiado, por lograr recodar.

Los tres tomaron esa dirección y en la poca visión que tenían avanzaron tanteando el suelo. Ya de por sí la sensación era extraña, mucho peor que de andar a tientas en la oscuridad cuando la luz se va, era mucho más complicado.

De pronto en esa oscuridad, un sonido particular les hizo voltear a su derecha y contemplar el vacío brumoso, una acción tonta pero que parecía alcanzar lo imposible, la fe de lo que no tenía salida alguna.

Primero se asemejó al quejumbroso e irritante sonido del canto de la ballena, de las bisagras y del tren. Pero luego, mientras más cerca se escuchaba, la percepción de ese sonido y su interpretación en el oído de los tres chicos, cambiaba.

El primer sonido cambió para convertirse en algo más familiar, una voz que parecía vagar en toda esa niebla. Mantenía un extraño pero hipnotizante sonido gutural, un extraño agudo apagado que se acercaba lentamente, no de manera directa, pero si en la dirección que ellos tenían.

— ¿Qué es eso?-susurró Stonehill, mientras se aferraba al brazo de Mel.
Ninguno de los dos, tanto él como Mike respondieron. También guardaban silencio por la misma razón, responderse esa incógnita: ¿Qué era aquello?

De nuevo el sonido gutural avanzaba a ellos, ese vago lamento estremecedor.
Mel se lo imaginaba como un faro azul, una lámpara de mano con una llama azul en su interior que flotaba en la espesa niebla, buscándolos, pero para qué.

—No digas nada.- Martins había puesto una mano sobre la boca de Valerie, mientras ella sea aguantaba la respiración y trataba de controlarse.
— ¿Qué sucede?-Mel había vuelto en sí de una extraña manera. ¿Cuánto tiempo había estado afuera? Unos segundos, unos minutos.
—Cállate, Dickson.- le susurró exaltado Mike, aún sujetando a Valerie, quien se mostraba temblorosa.
Mel iba a decir algo cuando eso pasó por su costado, a unos pasos de él. No podría describirlo, pero si llegó a estremecerlo a tal punto, que se quedó sin habla por un buen momento, mientras intentaba no moverse.
Y ese sonido, el lamento sórdido y agudo, provenía de aquella cosa que indefinidamente pasó a su costado, ignorándolo por completo, y eso había sido bueno.

•Terror•

Su imagen era perturbadora; cuando Valerie y Mike lo vieron creyeron que se trataba de una pesadilla, de algo fantástico y estremecedor al mismo tiempo, algo repulsivo pero que atraía de manera profunda otra parte del subconsciente. En definitiva era… era…

•Postludio•

Era una criatura de aproximadamente dos metros de alto, jorobada y con unas extremidades rayando en lo deforme y grotesco. Su apariencia era abominable y pesadillesca. Sobre su gigante y jorobada espalda llevaba algo que en un principio los tres dieron sentado que se trataban de astas, muchas astas que parecían moverse. Un extraño y largo manto parecía cubrirlo completamente a excepción de su rostro, parte de su pecho y los extremos de sus extremidades.
Una extraña melena parecía colgar hasta el suelo, pelos largos y humanescos de color negro oscuro y con una apariencia descuidada en lo absoluto. Su pecho parecía estar lleno de costras de considerable tamaño y sus extremidades, las cuales eran amorfas, tenían una gran diferencia entre las superiores e inferiores. Las primeras era delgadas y muy largas, mientras que las traseras eran cortas y esto le impedía ir de manera erguida porque caminaba como lo haría un gorila, de una manera torpe y lenta.

Su olor era espantoso y eso fue lo segundo que ellos notaron que resaltaba de aquella monstruosidad. Era una mezcla de pescado podrido junto a sangre coagulada y ese típico olor sofocante de sudor bárbaro. Asqueroso a tal punto de haber provocado las ganas de vomitar en los tres, y que sin embargo se abstuvieron de hacer.

Pero lo que llamó en verdad la atención de los tres, fue lo que dieron calificado como rostro. No se parecía en nada antes visto. Una cara caída con un gesto deforme y ridículo. La piel parecía colgarle en la faz y se bamboleaba cual lonja de carne. Y de eso que daban por boca, un enorme y desproporcionado agujero negro, emanaba el sonido que habían estado escuchando por un buen tiempo, y era muy claro, un sonido gutural extraño, muy agudo y que parecía significar algo para la criatura como para los tres.

Y entonce eso, cuando parecía alejarse del todo y perderse de nuevo en la maleza brumosa, volteó, volteó para verlos y pudieron darse cuenta de que la descripción que ellos habían desarrollado en sus cabezas era un dulce sueño al costado de lo que ahora se mostraba ante ellos.

Sus astas, esas astas que se movían no eran más que piernas vivientes que en reflejos extraño se contorsionaban pegadas a la espalda de aquella terrorífica criatura. Sus costras no era sinónimo de lo que vieron mejor de cerca, ojos, miles de ojos membranosos e irritados parpadeaban al encontrarse con los dos de ellos. Y la cara, eso que habían dado por un rostro deforme pero qué más daba era un rostro, pues ya no lo era, ahora la realidad oscura y turbia los golpeaba, haciéndoles observar una suerte de máscara hecha con piel humana, una máscara que parecía haber sido arrancada del verdadero dueño del gesto, que ahora se mostraba horrorizado, en una mueca de dolor y terror.

Eso sin nombre había volteado y ahora venía por ellos, mientras que su sonido gutural, su canto en la neblina se hacía cada vez más fuerte e impaciente por alcanzarlos. Era el canto de la neblina, el canto de la muerte, el canto de lo desconocido.


(DACA) #2

:+1::+1::+1:
Tengo algunos proyectos y este tipo de trabajos me enseña mucho


(J.T.Yuimachi) #3

Gracias por tomarme de ejemplo.


(system) #4

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