Historia "Aquel extraño y fascinante correo"


(Insanitygames13) #1

Aquel extraño y fascinante correo

Me considero un hombre poco sociable, de aquellos que prefieren la compañía de una computadora o de cualquier cachivache electrónico, al contacto con seres de sangre caliente. Aún, si me interesara conversar o conocer a aquellos sujetos, no creo que a estos les agradara mi compañía.
Esta es la razón por la cual siempre acabo pasando la mayor parte de mi tiempo delante de una pantalla, surcando los grandes mares de internet.
Por lo ya nombrado, me resultó tan sorprendente y chocante recibir aquel email en mi bandeja principal, sin que se automarcase como correo no deseado o como una mísera promoción.
Había sido enviado únicamente para mí y aquello me extrañó, pues este era el correo que usaba como personal, o cuando era niño, fue el que quise usar.La cuenta que utilizaba normalmente para registrarme en juegos en línea no era esta.
¿Quién podía haberme enviado este mensaje? Y lo más importante, ¿Quién tenía mi dirección de correo personal?
Pues que yo recordase, tan solo se la había dado a dos de mis antiguos amigos de primaria.

Recuerdo cuando me sonó el móvil avisando que tenía un correo nuevo. No pude abrirlo, pues este contenía un enlace que mi móvil no pudo cargar y al estar en la oficina mi jefe me hubiera matado si hubiese intentado abrirlo con el ordenador del trabajo. Por eso decidí esperar a estar en casa, donde podría verlo con calma.
Ya en casa, me dispuse a abrir el correo. Ingresé mi nombre de usuario y una imagen nostálgica invadió mi mente: estaba jugando a la pelota, mi amigo Toni la había chutado y yo la estaba parando con todas mis fuerzas, costó, pero la detuve. ¡Increíble jugada, mi equipo me aplaudía, todos estábamos felices!
Una sonrisa se dibujó en mi boca, pero ésta, al igual que mis recuerdos, se desvanecieron al escuchar ese repugnante pitido, que me indicaba que algo de lo que estaba ingresando en el ordenador no andaba bien. La contraseña, aquello es lo que fallaba. No lograba acordarme de cuál era y sin escribirla a propósito puse la de mi correo “social”,aunque de social tenía poco. (Como ya he dicho no me relaciono mucho con seres de mi misma especie.)
Me puse a buscar aquel papelito que acostumbraba a poner enganchado en la parte posterior de mi escritorio. Quizás no era la mejor forma de esconder un papel que contenía todas mis contraseñas, pero no soy que digamos alguien con buena memoria.
Me puse a desempaquetar cajas, pues hacía poco que me había mudado a mi nuevo piso y por descontado lo primero que instalé fue el ordenador y el conector hacia el fabuloso internet.
Encontré la hoja, plegada, tirada en una de aquellas pequeñas cajas, que me podían caber en la guantera del coche. Rápidamente la desplegué e interpreté la pequeña pero no trivial letra con la que escribí mi seña secreta. Mientras la anotaba en el recuadro blanco, marcado ahora por unas letras rojas que señalaban mi último error, pensé en lo necio que era al olvidar aquella simple contraseña, que ahora actuaba como una advertencia de que tarde o temprano debería ir a la consulta de algún doctor para mirarme la cabeza. Aunque supongo que también olvidaré esto.
La molesta barra de carga inició su recorrido de izquierda a derecha, deteniéndose
cada cierto tiempo para después, subir a una presteza de vértigo.
El correo se inició como de costumbre. Todo estaba en su debido lugar, incluyendo aquel nuevo y singular mensaje. Antes de abrirlo me fijé en quién lo había escrito y para mi sorpresa era Ona, la única amiga que tuve durante mi infancia. Me pregunté si ella había alcanzado el trabajo de escritora, que tanto deseaba ella de pequeña. Pues, en la oficina no se cobraba muy bien. Aquella sonrisa se volvió a advertir en mi cara.
Procedí, con mi tarea y pulsé con el cursor encima del mensaje. La pantalla se empalideció, señal de que la página se estaba cargando. En la pantalla se mostró el correo que había enviado Ona. Este solo incluía un enlace, con una tentadora frase que me indicaba que lo abriese. Y así lo hice. Una pestaña nueva apareció, por ahora completamente blanca.
Mientras el latoso circulito azul que había sustituido mi cursor, me indicaba que la página se cargaba correctamente. Una cascada de ideas comenzó a emerger de mi cabeza:
¿Por qué la ausencia de texto en el mensaje? ¿Por qué aquel extraño enlace sustituyendo sus palabras? Es más ¿Por qué después de tanto tiempo ella me había escrito? Estaba totalmente confuso.
Un documento se materializó en mi pantalla. Este contenía un vídeo, que se inició justamente en el momento que la página se abrió. Sin perder un segundo saqué mis auriculares y puse la grabación en pantalla completa. En la grabación pude distinguir una oscura avenida llena de edificios. Supuse que era el centro.
El lugar cambió de repente, ahora el video se centraba en un único edificio, tan solo tenía luz en una de sus ventanas. Aquel edificio me sonaba de algo, pero no me llegaba a acordar de qué. Mientras se me mostraba la siguiente escena, unas dudas aparecieron en mí: ¿Antes mencione ver una oscura avenida del centro, pero cuándo una avenida del centro estaba oscura? ¿Por qué no había visto a ningún ser vivo ahí? ¿Por qué no escuchaba nada aún con el volumen alto?
Pero dejé de concentrarme en aquellas cuestiones cuando me fijé en la escena que mostraba el vídeo… Era el nivel donde compré mi piso. Mi corazón se aceleró.
¡Cómo podía ser tan incompetente de no saber reconocer el edificio donde vivía! ¡Y qué clase de broma era aquella!
La grabación se centraba ahora en una puerta marrón con distintas tonalidades. No, no era una simple puerta marrón, era mi puerta marrón. Se me heló la sangre. La siguiente parte no tardó en mostrarse. Esta vez era mi salón, lo reconocí al instante cuando vi aquella cantidad de cajas tiradas por todos los lados. Mi cuerpo temblaba. Incluso así, preferí no apartar la mirada de la pantalla, no porque quisiera, sino por necesidad de saber cómo acababa aquello. La escena cambió ahora y la cámara me apuntaba a mí. Mi corazón se detuvo. Aquello era imposible, no había escuchado a nadie entrar a casa, a nadie moviéndose por los pasillos. ¿Pero entonces qué me estaba grabando? Para comprobarlo me di, muy lentamente, la vuelta. No había nadie. Aliviado , me giré hacia la pantalla, pero de esta brotaban unos brazos, que al instante quisieron atraparme. Por suerte me caí de la silla. Los píxeles de la pantalla estaban deformados y aquellos brazos dejaron entrever un rostro… No podía ser, era yo. De repente oscuridad. ¿Qué había pasado? Parece ser que cortaron la luz por las obras de la carretera. No podía quitarme la imagen de aquel rostro de mi cabeza, necesitaba saber más. La curiosidad era mayor que el miedo, por eso decidí volver a abrir el mensaje. Pero antes decidí escribir mi experiencia para que otros no cayeran en la desgracia.

De tu siempre amigo Samuel. Posdata: ¿Te acuerdas de aquella gran parada? Chutaste bien.

Tiré el periódico al suelo, dejando advertir en él una noticia sobre unas extrañas desapariciones sin sentido alguno. Acabé. Estaba a punto de cerrar aquel escrito lleno de estupideces, cuando me di cuenta, de que al pie de este había un enlace, con una tentadora frase que me indicaba que lo abriese. Y así lo hice. Una pestaña nueva apareció, entonces completamente blanca…

¿Final?

Autoria: Safiel o Insanitygames13


(system) #2

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