Mi mejor amigo Fred tuvo un problema


(Anthony) #1

PARTE UNO: SHELDON HACE SU TRABAJO.

“¿Qué planes habrá para hoy?”, pensé mientras terminaba de desayunar mi cereal el otro día. Pude esperar a que alguien me visitara, pero, ¿y sí nadie iba? Tendría que ir yo hasta la casa de alguien. También pude pasar el día viendo televisión, sólo que a las once y media de la mañana nunca hay nada bueno. Terminé mi desayuno, lo llevé hasta el trastero y lo deposité ahí. En verdad no sabía qué hacer, para ese sábado no elaboré ningún plan, es decir, o buscaba algo rápido o me moría del aburrimiento. Tomé un libro de George Orwell, me tiré un rato en el sofá, y tras leer unas páginas comencé a dormitar. “¡Carajo! El sábado nunca es para dormir hasta tarde”, pensé con rabia. Me levanté de un saltó, tirando al suelo el 1984 que había estado en mi pecho, y fui a mi cuarto por mi sudadera, ahí iban las llaves de la casa y una cajetilla de cigarros. Estaba a punto de salir de mi casa para irme a algún lado, buscaba que mi encendedor estuviese en mis pantalones, cuando hubo golpes en la puerta, frente a mí.
—¿Quién es? —grité, con un cigarro colgando de mis labios.
—Fred —respondieron al otro lado de la puerta—, soy yo Fred.
Encontré lo que buscaba en mi bolsillo derecho y le prendí fuego al tabaco. Abrí la puerta y ahí estaba mi amigo Fred afuera, tenía el rostro triste y los ojos llorosos.
—Mierda —me dijo al borde del llanto—, estoy en aprietos.
—¿Eres un prieto en aprietos? —le dije con una sonrisa burlona.
—Esto es serio, déjate de estupideces.
—Está bien, amigo. Toma un cigarrillo y cuéntame —dije mientras le tendía la caja.
Él tomó uno y lo prendió con su propio encendedor. Pensé que me contaría que se endeudó con alguna “mafia”, o que su novia lo había dejado, o aún peor, que iba a ser padre o que se casaría.
—Yo hoy no tenía nada para hacer… —comenzó, pero lo interrumpí. Pensé que iba a comenzar a llorar, creí que sería buena idea llevarlo a caminar para que se despejara un poco.
—¿Quieres caminar por ahí mientras me cuentas?
—No —respondió—. Entre menos personas me vean será mejor.
Asentí. Di una calada al cigarro, él lo hizo igual.
—Te decía —continuó—, yo no tenía nada reservado, así que decidí dormir toda la mañana y parte de la tarde…
Cuando terminó de contar su historia yo quedé con cara de póker, no sabía qué decir. Creí que se había vuelto loco, o que se había drogado o algo por el estilo.
—¿Qué te metiste, Fred?
—¿Qué? —preguntó desconcertado.
—Que si qué mierda es esto, ¿Con qué te drogaste, cabrón?
—Es cierto, no miento, te lo juro.
Yo suspire tallándome la frente con la palma.
—No esperas que me crea toda esta pendejada tuya, ¿verdad?
—Es en serio —Aún tenía un rostro jodido.
—No digas tonterías —solté una gran carcajada.
—Ve y compruébalo.
—¿Quieres que vayamos hasta tu casa?
—Que vayas tú solo, yo no quiero ver esa mierda.
—Y supongamos que sí voy, ¿qué harás tú? ¿Quedarte aquí? —le pregunté en tono acusador. Fred asintió rápidamente—. ¿Y qué me dice que en cuanto yo me vaya tú no te irás por otro camino, llegarás hasta allá antes que yo, y me jugarás una puta broma?
—Confía en mí, al final te darás cuenta de que no es una jodida broma.
Suspire, resoplé, maldije.
—Si esto es una broma —dije en el tono más serio que pude adoptar— dile adiós a nuestra amistad.
No quería que dos años se esfumaran sólo por una broma, se lo puse en claro. Él me prometió que no sería ninguna broma. Empezamos a crear un plan para deshacernos de esa maldición que había caído sobre él, aquello que iba a arruinar una vida; la suya. Tendría que ir yo solo hasta donde vivía mi amigo (por notorias razones) y llevar a lo que sea que fuese aquella cosa al cementerio abandonado que estaba a las afueras de la ciudad, a dos o tres kilómetros. Fred se iba a ir yendo, yo tendría que alcanzarlo en unos minutos, si aquello no se fue de su casa, si no, tendría que buscarlo. Caminé por un largo rato, pensaba en hablarle a mi amigo en ese momento, pero decidí esperar según el plan. Yo tenía dos teléfonos móviles, le di uno y me quedé con el otro, le enseñé que tenía el número de mi celular ahí agendado. Fue mi idea llevar cada quien un teléfono celular, después de todo no me quedó tan claro si decía la verdad, mejor era prevenir.
Llegué a su casa, la puerta estaba abierta. Di unos golpes.
—¿Quién? —gritó una voz adormilada desde el fondo. Yo supe de inmediato de quien era esa voz.
—Yo, soy Sheldon —grité.
—Pasa hasta acá.
Yo sabía de dónde venía la voz, sabía cómo llegar a ella. Saqué mi celular y marqué el número que le proporcioné a Fred. Mi corazón iba a mil por hora. Me detuve frente a la puerta del cuarto, di unos golpecillos a la puerta.
—Adelante —dijeron.
Fred contestó la llamada. Puse mi teléfono en la oreja y escuché.
—Bueno —dijo la voz de Fred desde la bocina—, ¿sigue allí?
Yo abrí la puerta y miré lo que estaba adentro… quien estaba adentro.
—Oh, mierda. ¿Sigues ahí? —pregunté dando media vuelta, para hablar sólo por celular.
—Sí, respondió Fred —Hubo un poco de interferencia, la señal de mi amigo no andaba bien, sin duda estaba en las afueras de la ciudad.
—Mierda —susurré—. Estás en un gran problema….

PARTE DOS: EL CUESTIONARIO A FRED.

Ahí estaban en el cementerio ellos dos, Sheldon y Fred. Caminando entre tumbas, hasta que llegaron a frente a una gran capilla vieja. Había notado a Sheldon un poco nervioso, él iba tras él, tenía algo que mostrarle. Había salido una complicación inesperada, o eso fue lo que Sheldon le dijo. Las cosas habían cambiado.
—Mira —dijo Sheldon deteniéndose frente a un arbusto, inclinándose frente a él, sacando una pistola, una 9 mm—. Aquí esta lo que te dije.
—Impresionante, ¿Podré dispararle yo? —dijo Fred con una sonrisa en el rostro.
—Claro, verás ven, tómala.
Cuando lo hizo, poniéndose frente a él, Sheldon le dio un golpe con el arma, haciéndolo caer al suelo. Comenzaba a ver oscuro, sentía que se iba a desmayar.
—Lo siento —dijo Sheldon.
Lo último que miró fue una silueta saliendo de la entrada a la capilla, sus ropas se le hicieron familiar, pero no pudo ver quién era; llevaba una máscara.

Cuando despertó se dio cuenta de que estaba atado de manos y pies, sentado sobre una tumba. Frente a él estaba su amigo Sheldon y el extraño visitante, con una máscara de Darth Vader. Aquella silueta de ropas peliculiares. Ahí estaba demasiado oscuro, sólo se escuchaba la respiración ruidosa que producía aquella máscara. El que lo había golpeado minutos antes era su amigo, desconocía por qué lo había hecho, tenían un trato, todo estaba planeado.
—Hazlo —Una voz ronca salió debajo de la máscara.
Sheldon asintió.
—¿Qué hiciste ayer por la tarde? —preguntó.
—¿Qué? ¿Qué carajo dices?
—Responde —dijo Sheldon apuntándole con el arma en la sien.
—Salir con Román y Josh a beber —escupió Fred.
Sheldon volteó a ver a ver al desconocido, “Darth” asintió.
—¿A qué hora llegaste? —preguntó Sheldon.
—No lo sé.
—Responde.
—Tal vez cinco de la madrugada, o cuatro y media. ¿Por qué haces esto, Sheldon? ¿Quién es él?
Sheldon tomó impulso y le dio una fuerte bofetada, Fred cayó hacia un lado. Su mejilla tocó lo helado del concreto de la tumba.
—Yo hago las preguntas —advirtió.
—Está bien —respondió Fred rompiendo en llanto.
—¿Cuál es la fecha de tu cumpleaños?
—Ocho de marzo de mil novecientos noventa y nueve.
Darth Vader asintió.
—¿Cuál es tu nombre completo? —preguntó Darth Vader desesperado.
—Alfredo Martinez Ochoa.
Sheldon tomó al otro tipo del brazo y lo sacó de ese lugar. Se escucharon cuchicheos. Fred desconocía que pasaba. No sabía si era por la presión del momento o por el golpe que le habían atizado, pero no lograba recordar nada de esa mañana. Sentía que los recuerdos estaban ahí, pero que no tenía acceso a ellos. En ese momento no quería esforzarse para nada.
Aquellos dos entraron y le hicieron preguntas de todo tipo. La mayoría eran personales. El nombre de su madre, de su padre, su color favorito, qué deporte practicó en la secundaria, cómo conoció a Sheldon, cuántos empleos había tenido, etc. Siempre después de cada pregunta Darth asentía, como comprendiendo la situación, como entendiendo que decía la verdad. Sheldon notó aquello y volvió a llevárselo afuera de la capilla. Volvieron muy rápido.
—Te voy a hacer tres preguntas, tendrás que contestas lo más rápido posible —explicó Sheldon poniendo la punta de la pistola en su sien—. Si tardas, aunque sea un poco, estás muerto, ¿entendido?
Volvió a estallar en llanto.
—El primer color que se te venga a la mente —dijo Sheldon.
—Rojo —respondió.
—Un número del uno al diez, con decimales.
—Dos punto siete.
—Ahora dime un país al azar.
—Argentina.
—Tres de tres —dijo Sheldon dirigiéndose a Darth Vader—. ¿Qué opinas?
El extraño asintió.
Darth Vader tomó con la mano derecha su máscara y la jaló hacia arriba; sacándola de su cabeza. El rostro de Fred primero fue de sorpresa, después de absoluto terror, el rostro bajo aquello era la de él mismo. Era otro Fred, idéntico a él, no sabía que pensar, por un momento creyó que se volvería a desmayar, también pensó que todo era un loco sueño, que aún no había despertado, ya que la noche pasada se pasó de copas, eso debía ser un sueño incoherente por ingerir demasiado alcohol. Si esa era la razón él jamás volvería a beber.
—Sheldon disparará si no obedeces —dijo aquel Fred—. Cuenta todo lo relativo a esta mañana, a este día, no omitas nada, sé lo más explícito posible.
El Fred cautivo asintió.
—Y-yo be-bebí toda la no-noche de ayer —No podía evitar tartamudear, era algo que le pasaba en los momentos de mucha presión. Sheldon seguía apuntándole con el arma—. Llegue a mi casa a las cuatro de la madrugada, cuatro o cinco, en cuanto llegué…

PARTE TRES: FRED Y FRED, AMBOS DÍAS, DIFERENTES VERSIONES.

FRED CAUTIVO.

…caí rendido. Y como para este día no tenía ningún plan decidí dormir hasta tarde, quería despertar con la menor resaca posible. Casi siempre tengo el sueño ligero, en excepciones no, cuando en verdad estoy demasiado borracho, pero por alguna razón hoy me desperté, tenía demasiadas ganas de orinar. Duré unos minutos en el limbo de la decisión, no sabía si ir o no, entonces decidí que lo mejor sería dormir, y si me meaba dormido ya sería problema cuando me levantase. Ya estaba cayendo de nuevo en el sueño, cuando escuché que la puerta principal de mi casa se cerró, no supe si fue en mi sueño o en realidad pasó. Grité algo, para ver si alguien me respondía, pero como no contestó nadie decidí levantarme e ir a ver. No era nadie. Aproveché para vaciar la vejiga y volver a dormir. No sé qué hora era ni nada por el estilo. Cuando volví a despertar porque alguien llamaba tampoco sabía, de hecho, sigo sin saber qué maldita hora es. Y la cruda sólo me dice que necesito un cigarrillo. Alguien tocó la puerta, yo grité “adelante”, o “quién es”, no recuerdo. Era Sheldon, mi amigo. Pasó hasta mi cuarto hablando por teléfono, en cuanto entró se giró y dijo algo en voz baja, no lo alcancé a escuchar. Después me dijo que ocupaba un gran favor, que de este pendía toda mi vida y la suya. Me contó que anoche él también había bebido, y que en la fiesta se encontró con el hombre que había apuñalado a su madre, que justamente era el mismo que se había metido a robar en mi casa. Me dijo que no recuerda cómo, pero que lo logró atar y traer hasta acá, hasta este viejo cementerio abandonado. Le dije que contara conmigo, y mira la traición, vinimos caminando hasta acá, fumando cigarrillos y planeando algo para hacer con “ese desgraciado”. Al llegar aquí después de muchos minutos, él saca algo de un arbusto, esa pistola con la cual ahora me apunta, me golpea… y aquí estamos los tres. Sheldon, yo y tú, que pareces mi hermano gemelo….

FRED LIBRE.

… pues ayer bebí hasta la madrugada. Llegué a mi casa a las cuatro, cuatro o cinco. Quería dormir todo lo posible para amanecer con la menor resaca posible. Casi siempre tengo el sueño ligero, en excepciones no, cuando en verdad estoy demasiado borracho, pero por alguna razón hoy me desperté, tenía demasiadas ganas de orinar. Duré unos minutos en el limbo de la decisión, no sabía si ir o no, entonces decidí que lo mejor sería levantarme e ir a orinar. Fue una difícil decisión, en verdad no quería. Fui y eche una meada. Cuando volví a mi cuarto me doy cuenta de que allí en la cama, dormido, estaba yo, o sea, no un viaje astral o esas mierdas, yo en carne y hueso. No supe qué hacer, es estúpido, pero no quise despertarme. Creí que era una especie de demonio que se había disfrazado de mí o algo por el estilo. Entonces mi primera y única opción fue venir por ti, Sheldon y me ayudes. Te lo juro, yo estaba allí, dormido. Puedes ir a comprobarlo.

CUARTA PARTE: LA MUERTE DE FRED.

Aquel día estuvo muy loco, se los juro. No creo que algo como esto se vuelva a repetir. Cuando el Fred que iba conmigo se quitó la máscara de Darth Vader que traía, el otro Fred casi se muere de la sorpresa. El Fred que teníamos amarrado contó su historia, cómo había pasado su día. Nosotros le contamos la historia de nuestro día, y se sorprendió tanto como nosotros.
Pero antes de eso, de que el Fred Darth Vader se revelara, interrogamos al Fred “impostor”, por decirlo de alguna manera. Ese Fred respondió como si fuese mi amigo Fred, el que fue a mi casa, como si fuese la misma persona. También, yo lo saqué de la capilla y le hice tres preguntas completamente al azar, le dije que me respondiera lo más rápido posible, cuando lo hizo entramos ambos y le hice las mismas preguntas al otro Fred, respondió lo mismo, tal cual. ¿Qué loco, verdad?
Ahí el Fred cautivo contó su historia, después entre el otro Fred y yo contamos la nuestra, el secuestrado se sorprendió aún más. Ambos Freds proclamaron ser el único Fred, el dueño de sus vidas. Cada uno quería que el otro desapareciera para dejar al restante en paz. Comenzamos a planear qué podríamos hacer, pues ambos eran Freds, eso no cabía duda, no eran gemelos, no, los dos tenían los mismos recuerdos y pensaban lo mismo. Uno podría saber que estaba pensando el otro porque él lo había pensado primero. Entonces el Fred que estaba secuestrado hizo la pregunta que desató todo.
—Aquí hay un Fred que no merece quedarse —dije—. Puede que uno sea un impostor, puede que uno sea una falla del espacio tiempo o una mierda así. Por alguna razón se clonaron o algo, el punto ya no es decidir si vives o mueres, Fred. Ahora el asunto es ver qué hacemos contigo.
—No, no, no, ni se te ocurra —dijo el Fred que estaba conmigo.
—¿Y porque yo tengo que ser el impostor? ¿Quién dice que él intentó engañarte con la historia esa de que fue a mear y volvió y yo estaba dormido? Él puede ser el que inventó eso, de alguna manera se hace pasar por mí y te está engañando.
Mi Fred, le digo así para diferenciar de Freds, quiso decir algo pero no lo dejé.
—Cierto —dije—. Teniendo eso en cuenta, esto debe estar en igualdad de condiciones.
Empecé a desatar a Fred, el otro me quiso detener pero le apunté con el arma. Le juré que dispararía si me intentaba detener por la fuerza. Cuando terminé de quitarle las cuerdas él se puso en pie, les dije que debían hacer algo para arreglar eso. Sin previo aviso ambos comenzaron a pelear, primero a puñetazos, después terminaron forcejeando, al final ambos se tumbaron y rodaron por el suelo de aquella capilla. Yo, con el arma en la mano derecha, intenté detenerlos, pero al hacerlo, sin querer, jalé el gatillo y disparé a un Fred en pleno corazón. Sí, maté a uno, no sé a cuál, si al que venía conmigo o no. Al disparar el otro comenzó a gritar y a retorcerse, ambos lo hicieron, uno por el balazo mortífero el otro porque… no sé, dijo que sintió que algo le aplastaba la mente, los pensamientos. Le pregunté que si qué Fred era, me respondió que no sabía, que tenía los dos recuerdos en su cabeza, que recordaba haber ido a mi casa porque se vio a él mismo dormido, pero que también recordaba no haberse querido levantar hasta que yo pasé por él. Sí, sí, sí, asesiné a un Fred. Dejamos el cuerpo ahí y escondimos el arma, bueno, la tiramos por ahí entre unos arbustos. Y tres días después llegaron los policías a mi casa diciéndome que maté a Fred, pero Fred estaba vivo… o eso creía yo. El mismo día; el tercero, también encontraron su cuerpo colgando de una soga en su habitación, sin nota suicida, ni nada. Encontraron el arma, eso todos lo saben. Tenía mis huellas, sí, eso todos lo saben. Dicen que causé la muerte de Fred, pero su madre lo vio llegar ese mismo día en la tarde, medio ebrio, después de haber bebido Vodka en mi casa. Lo vio al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente… Me acusan de matar a Fred, pero Fred siguió vivo.
Entiendo que tiene las mismas huellas digitales, el mismo ADN, el mismo todo. Les digo que era el mismo Fred. Y ahora en este juico ya no saben qué hacer porque acabé con la vida de alguien que murió tres días después.


(system) #2

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